Viralidad en Internet: “Me lo he tirado, no es broma”

Viralidad en Internet: “Me lo he tirado, no es broma”

Persiguiendo la viralidad. Tantos las estrategias de marketing como el periodismo digital buscan que el contenido se viralice, se comparta hasta hacer llegar el mensaje (sea un anuncio o una noticia) al mayor número de receptores posibles. Publicistas y comunicadores persiguen el Santo Grial del contenido viralizado. ¿Cuál es el secreto?

Decimos lo mismo que cuando hablábamos de los millonarios de YouTube. No conocemos el secreto, pero si podemos alumbrar un poco este fenómeno vinculado estrechamente las redes sociales e internet. De hecho, se puede decir que sin redes sociales el contenido no se puede viralizar del mismo modo.

Los expertos coinciden en que para viralizar algo hay que apelar a las emociones, ya sean positivas o negativas: esperanza, odio, familia, nostalgia, indignación, etc. Podemos poner varios ejemplos:

Durante la Navidad del año pasado un anuncio de Apple se convirtió en viral. Casi todo el mundo alabó su mensaje que apelaba a las reuniones familiares. Un chico se pasaba varios días obsesionado con su móvil hasta que el resto de la familia descubría que había grabado y editado un video sobre ellos. A medio Estados Unidos y parte del extranjero se le cayeron las lágrimas.

Apple es una de las compañías más astutas en el marketing emocional y viral. No parecía que nos vendían un iPhone, sino que nos ofrecían calor, nostalgia y cariño. Y un iPhone. Que nadie se nos enfade, pero vender en este contexto es, principalmente, manipular las emociones del consumidor.

Otro caso similar al de Apple y más cercano ha sido el reciente anuncio de Lotería de Navidad. En este caso, se nos vendía miedo y generosidad. Miedo a que le toque a nuestro vecino y a nosotros no, y la generosidad del tabernero de toda la vida. Miedo y generosidad. Emoción. Los memes hicieron el resto. De éxito, pasó a ser viral. Sin ni siquiera ver la tele, ya sabías quienes eran los personajes del anuncio. Viral es, al fin y al cabo, que te enteres aunque no quieras.

No solo el marketing busca desesperadamente la viralidad para lograr que un producto o servicio llegue a mayor número de receptores. También el periodismo. Los periodistas siempre han sido muchas cosas, ahora además deben ser, principalmente, estrategas de marketing. No se trata de escribir un buen artículo, sino que llegue a todo el mundo, que se convierta en viral.

Una lista, un número en el titular, los mejores no se qué, los peores no sé cuántos… Algo sobre los años 80, un video sobre el maltrato de un animal, un gato entrañable, etc. Todo el mundo busca el click. El intenauta tiene poco tiempo y el contenido de la red es inabarcable. Hay que intentar que los usuarios de internet se sientan emocionalmente atraídos hacia un titular y una foto. Y luego que compartan ese contenido en la red. Y que luego sus contactos lo compartan. Y la viralidad.

Como viral fue el mensaje en Tinder (popular red de ligues rápidos) de una chica tras pasar la noche con un jugador de los Patriots tras ganar estos la Super Bowl. Eso es viralidad en estado puro. Pero para lograrla hay que pasar la noche con un famoso y no tener pudor para colgar la foto en internet. Y lo que te llamen después…

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